La sombra colectiva en el derecho: Aproximaciones a una disonancia social.
Por Fernando Antonio Contreras Molina.*
“Lo que no se hace consciente, se manifiesta en nuestra vida como destino” (Carl Gustav Jung)
En los convulsos tiempos actuales el Derecho cada vez se torna más impopular, no coincide con las expectativas y discursos dominantes (populares). Esto genera un gran abismo de legitimidad que amenaza la estabilidad del sistema “democrático”. Existen fuertes presiones en reformar ciertas “garantías” y derechos fundamentales, reconocidos constitucional e internacionalmente, como el principio de inocencia, el debido proceso, la prohibición de tortura y de penas crueles, inhumanas o degradantes, por solo citar algunos.
Por un lado, los juristas- al menos la mayoría- o los que pretendemos estudiar el Derecho, nos enorgullecemos del “avance” y progresivo reconocimiento de los “derechos humanos” y, por otro lado, la “colectividad”, el clamor popular es que el Derecho está en contra del pueblo y a favor de los delincuentes. Esto genera cierta tensión social entre los “especialistas” y “el pueblo”, mientras que el sistema pierde legitimidad y se acerca a su “desaparición” argumentan los primeros, los segundos por su parte sostienen que se intenta recuperar el sistema y hacer justicia.
Esta disyuntiva nos debería llevar a reflexionar seriamente este fenómeno, e intentar comprender sus posibles causas, para tener el conocimiento suficiente y así tomar decisiones conscientes sobre la configuración de las normas vinculantes del sistema, y por ende del bienestar humano. Se tiene plena conciencia que este es un fenómeno complejo, que tiene múltiples variables, factores o perspectivas, y por ello, jamás se pretende tener la verdad absoluta- puesto que en estos términos es imposible-. Para este análisis, que debe ser necesariamente individual, ya que somos absolutamente responsables, como sostienen algunos, en las siguientes líneas se comparten algunas hipótesis, que podrían explicar esta situación, y darnos una idea de las posibles repercusiones.
El marco de referencia del análisis propuesto es la psicología analítica, que, a través de una especie de isomorfismo psicosocial, explica tanto el comportamiento humano individual, como el humano colectivo. En este sentido, en el centro del planteamiento se encuentra el concepto de inconsciente colectivo, y el de arquetipos, especialmente el de la sombra.
Carl Gustav Jung propuso que toda la humanidad comparte un inconsciente colectivo, que está conformado por diferentes arquetipos, entendidos como modelos de conductas o patrones que se encuentran fisiológicamente grabados en la mente humana, en la psique. Y que por tal motivo ciertos patrones de conductas, identidades o máscaras, se repiten a lo largo de la historia humana, en épocas y latitudes muy distintas.
La sombra, es uno de estos arquetipos que se encuentran presentes en la psique humana, y encuentra especial manifestación en la cuestión analizada. Este representa el lado “oscuro” del inconsciente, de nuestra psique, todo aquello que negamos, consideramos inaceptable, despreciable o reprochable, lo que incluye por ejemplo instintos, miedos, deseos, traumas. Aunque no todo en la sombra es “negativo”, y según Jung también puede ser fuente de cualidades o potenciales no desarrollados por falta de conciencia, confianza o presión social, en esta oportunidad nos quedaremos con esta acepción “negativa”, por el contexto del fenómeno analizado.
En la actualidad el clamor “popular” exige mano dura contra el delincuente, que se acabe la “alcahuetería”, haciendo referencia a la eliminación de ciertas “condiciones” o “derechos” de las personas acusadas- o sentenciadas- de cometer un delito; colectivamente se ve al otro como el problema, como el “culpable” de los males sociales. No obstante, esta idea olvida que todos nosotros somos los que conformamos la sociedad, y que esas conductas que reprochamos “histéricamente” las cometemos nosotros mismos, ya que reproducimos las condiciones o las ideas que materializan esas conductas “despreciables”. No somos conscientes que todos en conjunto somos los responsables – de una u otra forma- de estas acciones que juzgamos visceralmente.
Al negar este hecho, surge la sombra, donde proyectamos en el otro, o en unos cuantos, todas estas conductas que consideramos inaceptables, reprochables, momento en el cual reclamamos que recaiga sobre tales todo el peso de la ley, aunque pareciera más que es todo el peso de la sombra. Se cree que “endureciendo” las penas, o reduciendo garantías y derechos fundamentales vamos a eliminar el mal, se crea una falsa sensación de seguridad- comportamiento de rebaño-. No obstante, la realidad es otra, esta es una ilusión, un sentimiento pasajero, momentáneo, porque la sombra sigue allí, y se seguirá manifestando.
Así como nosotros, la persona considerada individualmente, seguiremos proyectando en el otro estos comportamientos oscuros que no aceptamos, por lo que seguiremos viviendo las mismas situaciones; la sociedad experimenta lo mismo, si no reconoce su sombra la seguirá proyectando en los demás, y continuará sufriendo las mismas, o peores problemáticas…
* Autor: Fernando Antonio Contreras Molina, es abogado litigante y notario público, investigador independiente, correo electrónico: fercon.abogado@gmail.com
