“Se encendió el furor de David violentamente contra aquel hombre, y dijo a Natán: —¡Vive Jehová, que es digno de muerte el que tal hizo! Debe pagar cuatro veces el valor de la cordera, por haber hecho semejante cosa y no mostrar misericordia”. 2 Samuel 12: 5-6.
En la entrega anterior introdujimos el concepto junguiano de inconsciente colectivo, el arquetipo de la sombra, y cómo opera esta en la sociedad: se genera una especie de disonancia social, donde se reprochan visceralmente las conductas delictivas de los demás, pero la misma sociedad realiza, o reproduce, esos comportamientos o las condiciones que los perpetúan.
En aquella oportunidad también se propuso que este fenómeno acontece en dos niveles, en el individual y colectivo; donde el fenómeno psicológico de cada individuo se traslada o manifiesta en el plano social, en la colectividad.
Con el afán de adentrarnos en esta cuestión, esta segunda sesión la dedicaremos al estudio de ejemplos de la vida cotidiana donde se puede apreciar claramente la proyección de la sombra en los demás, y cómo a nivel social ocurre lo mismo, con hechos que todos podemos corroborar si los analizamos desde afuera, como si fuésemos simplemente observadores, y no como partes involucradas en las situaciones. Es decir, el análisis de lo expuesto requiere salir del autoengaño, y no caer en las trampas mentales que el humano establece frecuentemente como mecanismo de defensa…
Proyección individual.
A nivel individual es común observar diversas situaciones de proyección de la sombra, donde atribuimos a las otras personas aquellas características, impulsos o deseos que reprimimos o negamos de nosotros mismos. Un caso típico de proyección es la persona que ha sido infiel con su pareja actual, o con las anteriores, y piensa que su compañera en cualquier momento le será infiel, por lo que se vuelve controladora y celosa, es decir, proyecta su comportamiento desleal en la otra persona. Situación que refleja el refrán popular: “El que las hace se las imagina”.
Otro ejemplo de proyección es la crítica férrea a los individuos intransigentes, que a partir de sus estructuras mentales, piensan que sólo ellos tienen la razón, y que las cosas deben hacerse según sus creencias y paradigmas; en muchas de las ocasiones cuando alguien señala, critica y se molesta por esta conducta, es porque el crítico adopta ese mismo comportamiento que tanto le incomoda.
En estos dos supuestos, el sujeto que proyecta su sombra en los demás es porque ve reflejado su comportamiento en las otras personas, es la parte de su personalidad que niega o reprime. No obstante, la proyección no se agota en estos casos, y puede manifestarse en situaciones opuestas. Como las personas que ven proyectado en los demás aquellas cualidades que desean o admiran, y que no son capaces de desarrollar o las reprimen por condicionamientos culturales. Este es el caso de los que critican a las personas elocuentes, que tienen facilidad de palabra, y los llaman presumidos, habladores o simplemente “juega de vivos”, cuando en el fondo quisieran ser como ellos.
Aunque personalmente no suelo utilizar fuentes religiosas en mis análisis, por todo lo que ello implica… el relato bíblico que se encuentra en el libro 2 de Samuel, en el capítulo 12, evidencia a la perfección el arquetipo de la sombra, y su proyección.
Cuando David era el rey de Israel, un día desde su palacio vio a una mujer hermosa, preguntó sobre ella y se dio cuenta que estaba casada con uno de sus soldados, sin embargo, era tan atractiva que no le importó y la mandó a llamar para tener relaciones coitales con ella; a consecuencia del contacto sexual quedó embarazada.
Como la mujer estaba casada, y tener relaciones fuera del matrimonio era considerado un acto altamente reprochable, ordenó al soldado que dejara la batalla y fuera a casa, a disfrutar con su mujer. Con esta acción pretendía que el soldado Urías se acostara con su esposa y así ocultar el embarazo fuera del matrimonio. Sin embargo, el soldado era tan fiel a David, que no lo hizo, y durmió a la puerta de su palacio, resguardando su seguridad. Al no obtener el resultado esperado para encubrir sus acciones, determinó enviarlo al frente del campo de batalla, para dejarlo morir, y luego tomar a la mujer como esposa.
Pasado el tiempo, Dios envío al profeta Natán a David para reprenderlo. El profeta le narró la historia donde un hombre rico que tenía muchas ovejas y vacas, cuando un día llegó un viajero a visitarlo, el hombre rico en lugar de tomar una de sus ovejas para dar de comer al visitante, tomó la única oveja que tenía un hombre pobre, para preparársela al viajero.
Cuando el rey David escuchó esta historia, se enfureció violentamente contra aquel hombre rico y pronunció las siguientes palabras: “(. . .)—¡Vive Jehová, que es digno de muerte el que tal hizo! Debe pagar cuatro veces el valor de la cordera, por haber hecho semejante cosa y no mostrar misericordia.” En ese momento, el profeta pronunció la célebre frase: “(…) —Tú eres ese hombre.”
El rey David que había cometido ese mismo acto, que se le mostró en una parábola, se exaltó abruptamente cuando observó el comportamiento en otra persona. Es decir, su psique proyectó en el hombre de la historia su sombra, la conducta reprochable que él había cometido, pero que su mente negaba y reprimía, porque lo consideraba inaceptable, despreciable.
Proyección colectiva.
A nivel colectivo, el efecto de la sombra arquetípica es palpable y toma especial relevancia en el contexto sociojurídico actual, donde la turba enfurecida exige purificación social, penas severas, ejemplificantes y en condiciones deplorables, para que los delincuentes aprendan.
De lo que no somos conscientes es que esas palabras viscerales y eufóricas son una sentencia contra nosotros mismos. Si no me cree y piensa que yo soy un exagerado, y que simplemente “estoy a favor de los delincuentes” y que soy “alcahueta”, realice usted mismo su propio análisis, reflexiones y conclusiones de las situaciones que le presento a continuación. Solo recuerde una cosa ¡Debe ser brutalmente honesto con usted mismo! Y escapar de las trampas de la mente, del autoengaño, porque ¡El primer paso para superar un problema es reconocerlo!
Un buen punto de partida para esta sección son el narcotráfico y el crimen organizado. El discurso oficial es la indignación y repudio a este entorno que ocasiona tanto dolor y sufrimiento. Actitud que en apariencia es normal y correcta, porque efectivamente estos fenómenos generan comportamientos reprochables que deberían ser sancionados con penas privativas de libertad. El dilema es cuando se reacciona automáticamente, de forma agresiva e indignante, exigiendo pasar por alto, aspectos mínimos del debido proceso, o condiciones mínimamente dignas para cualquier ser humano.
Si lo anterior acontece, muy probablemente es porque nos estamos proyectando en la situación. Muchos de estos que reaccionan de esta manera es porque participan de la dinámica delictiva pero no lo reconocen, se niegan a aceptarlo. Pero ¿No es acaso la venta de drogas un negocio rentable porque existe una alta demanda? ¿No es acaso la prohibición de estas sustancias las que le dan sus altas ganancias? ¿No son el dinero y el estilo de vida que estos permiten su atractivo? Nos rasgamos las vestiduras por todas las muertes que se producen en el contexto del narcotráfico, sin embargo, socialmente se promueve una cultura de la vida fácil, romanticismo y exaltación al estilo de vida narco, al dinero, mujeres, armas y muertes, que se consume masivamente en las series, películas y canciones. Y ni que hablar de la legitimación de capitales…
Se ha visto un crecimiento exponencial de casos de sicariato, especialmente perpetrados por personas jóvenes, incluso menores de edad. ¿No será que este estilo de vida penetra en las mentes de estos seres humanos vulnerables que no distinguen la ficción de la realidad? Y esto es sólo la punta del iceberg.
Por otro lado, es evidente que la corrupción ha permeado toda la estructura estatal, y que esta situación nos carcome el tejido social, puesto que se desvía dinero destinado a mejorar la calidad de vida de la población. Ante tal panorama nos invade una profunda indignación y odio por todos los corruptos.
¿Y nosotros? ¿No será que nos reflejamos en esos corruptos? Cuantos no estamos dispuestos a pagarle al oficial que nos sorprende infringiendo la ley de tránsito, para evitar que nos multen. O ¿Cuantos no preferimos adquirir bienes o servicios sin factura para ahorrarnos el 13% del IVA? Peor aún, no será que la crítica férrea a la corrupción es porque no somos nosotros los que nos beneficiamos de ¡tantos millones! Si nos ofreciesen la oportunidad de participar en estos “negocios” que desvían dinero del erario público, o que llevan un sobreprecio para sacar nuestra parte, ¿no actuaríamos igual que esos corruptos que condenamos vehementemente? ¿No será que dicha reacción ante la corrupción es porque deseamos ese dinero fácil, pero reprimimos esos deseos por ser inmorales?
Si vistos estos ejemplos todavía no estamos convencidos del efecto de la sombra arquetípica del individuo y del colectivo, veamos algunos números reportados en Costa Rica. Hay cierta tendencia a pensar que las nuevas generaciones están “perdidas”, “descarriadas”. Ante este planteamiento es válido aparejar la interrogante ¿Qué condiciones se les está brindando a los menores de edad por lo cual están descarriados?
Veamos algunos datos. El Patronato Nacional de la Infancia publicó que la institución recibió 96695 denuncias por violaciones a los derechos de personas menores de edad, y de las cuales el 5% estaban relacionados con delitos sexuales, es decir 4834 casos.
Ahora bien, si vemos los datos estadísticos que reporta el poder judicial para el año 2023 refleja que la fiscalía de adultos recibió 12821 denuncias por delitos sexuales en contra de personas menores de edad- menos las violaciones de adultos puesto que la categoría que indican los datos del poder judicial no diferencia sobre adultos o menores, reporta 2264 casos-, lo que incluía abusos sexuales, violaciones, seducción o comunicación por medio electrónicos, relaciones sexuales con menores. Para el 2024 reporta 11007 casos de delitos sexuales relacionados con menores de edad- menos las violaciones contra adultos que el dato no se diferencia de menores, la categoría reporta 1714 casos. No hay que olvidar que estos son solo los datos oficiales, los que se materializan con una denuncia en el poder judicial. ¿Cuántos casos existirán que no son denunciados?
¿Cuáles serán las posibles secuelas que producirán en los menores de edad? Se sabe que el maltrato infantil puede ocasionar problemas de salud mental como ansiedad, depresión y trastorno de estrés postraumático, problemas como trastornos asociados al consumo de sustancias, mayor riesgo a violencia contra los demás y a uno mismo.
Es decir, la exposición constante a la cultura del narcotráfico, y el estilo de vida que implica, más la suma de las vulneraciones a los derechos de esta población ¿No son precisamente estos los condicionamientos que están influyendo en las nuevas generaciones?
Veamos finalmente los datos de la jurisdicción penal y centros penitenciarios. Según datos de la Dirección de Planificación del Poder judicial, para el cierre del año 2025 se registraron un total de 740272 casos en vía penal; es decir, si cada caso penal terminara con penas privativas de libertad- que al parecer es lo que el clamor popular exige- y se resolvieran hoy todos esos casos, habría cerca de ¡761346 personas condenadas! Cuando en el país actualmente hay apenas 21173 privados de libertad, y existe un hacinamiento carcelario de más del 50%.
Mas allá del espejo: entre el juicio y la conciencia.
Cada uno de nosotros tiene que realizar el análisis y brindar las respuestas a las interrogantes planteadas. Se aclara que no se está proponiendo que todas las críticas y rechazos a los distintos ilícitos sea por proyección. En este sentido, el objetivo de las presentes líneas no es justificar el delito, reducir la responsabilidad de las faltas cometidas, ni mucho menos hacer una apología del crimen. El fin es invitarnos a realizar un autoanálisis de nuestras propias emociones, especialmente cuando toma el control la reacción visceral y deshumanizante ante la trasgresión ajena; en ese preciso instante vale la pena hacer una pausa, respirar profundo y atrevernos a mirar ese espejo que negamos, puesto que tenemos la tendencia a justificar nuestras faltas y condenar la de los demás.
Tengamos presente las palabras que Pistorius compartió con el joven Sinclair:
“Siempre que detestamos a un hombre, lo que realmente no aprobamos es algo nuestro que se refleja en él. Piense que jamás nos preocupa lo que no está dentro de nosotros” Hermann Hesse (Demian, 1919).
[*] Autor: Fernando Antonio Contreras Molina, abogado litigante y notario público, investigador independiente, correo electrónico: fercon.abogado@gmail.com


